Las emociones no solo guían nuestro comportamiento en el momento, sino que también influencian cómo nos comportaremos en situaciones similares en el futuro (las consecuencias). Nuestros cerebros aprenden rápidamente a cómo sacarnos de situaciones peligrosas o que nos hacen sentir “mal” al alentarnos rápidamente sobre cosas en nuestro entorno que pueden ser amenazantes o que previamente estuvieron asociadas con sentimientos negativos. Mientras que alertarnos sobre verdaderos peligros es extremamente adaptativo, las falsas alarmas pueden prevenir que aprendamos de otras situaciones que en realidad son inofensivas o que puedes afrontarlas bastante bien sin que pase nada malo.
Por lo tanto, es importante también ser curioso sobre cómo tus reacciones emocionales contribuyen a tu futuro comportamiento.
Considera esta situación: Te vas rápidamente de una fiesta porque te sientes ansioso y preocupado de que te vas a avergonzar. A corto plazo experimentas alivio y te sientes mejor. A largo plazo, sin embargo, cuando te inviten a la próxima fiesta, puede ser que declines o que inventes una excusa para no ir porque recuerdas lo incómodo que te sentiste en la fiesta anterior. Este ejemplo demuestra cómo las emociones pueden tener efectos a corto y largo plazo en lo que haces y en cómo actúas.
O toma este ejemplo: Tus amigos te estuvieron pidiendo que salgas con ellos porque hacen semanas que no sales, así que aceptas. Llegas a casa del trabajo y te sientes exhausto y deprimido; lo último que quieres hacer es salir y ser social, así que llamas para cancelar. A corto plazo, te sientes bien – no tienes que salir y ponerte una careta o contestar ninguna pregunta acerca de “¿Cómo va todo contigo?” Terminas pasando la noche el casa viendo televisión y pensando que tienes una vida patética, lo que te hace sentir aún más deprimido y menos probable que aceptes la próxima vez que te inviten a salir, piensas, “¿Cuál es el punto si voy a cancelar?”