A veces se puede sentir como si nuestras emociones vinieran de la nada y fueran a durar para siempre.
La buena noticia es que esto no es verdad: las emociones típicamente son provocadas por algo que ha sucedido (lo que llamaríamos un antecedente), interna (tal vez por un pensamiento o memoria o sensación física) o externamente (ver o escuchar algo), y por las fluctuaciones cotidianas.
A veces es muy fácil determinar qué es lo que te causó las emociones y descifrar rápidamente que “A” sucedió, lo que resultó en “B”. Por ejemplo, si escuchaste una canción que te recuerdo a una expareja, puede ser que te sientas triste. A veces, sin embargo, puede ser un poco más difícil identificar qué causó una emoción porque ocurrió más temprano en el día o incluso en la semana previa. Por ejemplo, un pleito que tuviste en la mañana puede influenciar tu estado de humor el resto del día. Descifrar qué es lo que te llevó a sentirte como te sientes ahora puede ayudarte a manejar tus reacciones emocionales.